Por qué me siento insuficiente: autoestima, ansiedad y relación con uno mismo
Muchas personas llegan a consulta con una sensación difícil de explicar: sentirse insuficientes, no estar a la altura o vivir con una exigencia constante hacia sí mismas.
Aunque hagan las cosas bien, el malestar persiste.
En mis casi veinticinco años de experiencia, muchos términos e intereses han cambiado en mi campo de trabajo. Sin embargo, la palabra “autoestima” sigue apareciendo y resonando en mi consulta, como algo que no pierde vigencia y que continúa siendo motivo de sufrimiento para muchas personas. La relación que cada uno establece consigo es fundamental.
A menudo, ese malestar está ligado a una exigencia interna constante: hacerlo todo bien, no fallar, responder a lo que se espera. Pero incluso cuando esto se consigue, la sensación de no ser suficiente no desaparece. Esto ocurre porque no se trata solo de lo que uno hace, sino del lugar desde el que se vive, del lugar que uno se ha dado a sí mismo en el mundo.
¿Me siento con autoridad para decir lo que pienso, para hacer lo que deseo y asumir sus consecuencias?
Desde muy temprano, la relación con uno mismo se va construyendo en el vínculo con los otros: cómo hemos sido mirados, reconocidos, exigidos o comparados. A partir de ahí, cada persona va configurando una manera particular de sentirse válida o no, de sentirse suficiente o no, y también de autorizarse —o no— en lo que piensa, siente o desea.
Desde una orientación psicoanalítica, este malestar no se aborda como un “déficit” que haya que corregir rápidamente, sino como algo que tiene su historia y su lógica propia, donde cada persona se ha ido construyendo. La sensación de no ser suficiente puede estar vinculada a ideales muy exigentes, a formas de reconocimiento que han marcado al sujeto o a una relación con el deseo en la que siempre parece faltar algo. Por eso, el trabajo para reubicar el propio lugar es un proceso de aprendizaje importante.
En consulta, el trabajo consiste en ir desgranando todo esto, en poder escucharse de otra manera para empezar a entenderse de un modo diferente. A veces, esto permite mirarse a uno/a mismo/a y a los demás desde otro lugar.
Darse la oportunidad de escuchar el propio deseo y darle un lugar distinto puede abrir la posibilidad de vivir de otro modo: para poder ir “a favor” y no “en contra” de uno/a mismo/a.

